No hay mal que por bien no venga, de ahí decimos que
todo mal proviene del bien. Así el maligno por desobediencia perdió el cielo y
se hizo malo, y todas sus acechanzas son malas y solo quiere el alejamiento de
tu Dios y la posesión de tu espíritu y llevarte al infierno, donde las almas
padecen el fuego eterno y toda clase de padeceres.
Así tiene intervención en ciertos momentos en nuestras vidas, por ejemplo, el desgano de toda actividad, ya sea por dolor, debilidad o cansancio, disgusto o algo que nos tiene sin ganas cuando una de las principales actividades del hombre es ganarse el pan, por ejemplo, ir a reuniones, tener actividades complementarias o de asistencia para la salud. Los desánimos son típicos de ataques del mal, es cuando más hay que poner esfuerzo para crecer emocionalmente, corporalmente, y hasta del ánimo.
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